Combatir los obstáculos a las libertades de creación y difusión artísticas

Visuel
Combatir los obstáculos a las libertades de creación y difusión artísticas
Tipo de texto :
Dictamen
Tipo de consulta :
Autoconsulta
Tramitada por :
COMISIÓN DE EDUCACIÓN, CULTURA Y COMUNICACIÓN
Date d'adoption
Emitido el : 24/03/2026
Mandature
2021-2026
Ponente :
Photo
Souâd BELHADDAD
GRUPO DE ASOCIACIONES
Photo
Vincent MOISSELIN
GRUPO DE NEGOCIOS
    Presentación
    Présentation

    Interrumpir un espectáculo o presionar para que no se celebre, robar libros de una mediateca y quemarlos, pintar con grafitis el escaparate de una librería o incluso destrozar la exposición de una artista plástica porque se cuestiona su contenido feminista… Las restricciones a las libertades de creación y difusión se observan ahora en todas las disciplinas artísticas sin excepción. Una situación alarmante sobre la que el Senado ya había dado la voz de alarma en un reciente informe de evaluación de la ley relativa a la libertad de creación, la arquitectura y el patrimonio (LCAP).
    Desde hace algunos años, las formas de obstaculización se multiplican y se inclinan cada vez más hacia la violencia física y digital. La contestación ya no se lleva a cabo con calma y respeto hacia las obras y los artistas, sino que busca aterrorizar e impedir. Los lugares de difusión se enfrentan a actos de vandalismo extremos, como la exposición feminista «Benzine Cyprine» en Nimes, saqueada con saña, donde el 90 % de las fotografías fueron destruidas y pisoteadas. En París, la librería Violette and Co sufrió una violenta campaña de intimidación acompañada de pintadas homófobas e islamófobas en su escaparate. En Internet, se orquestan campañas masivas de ciberacoso para destruir las obras y amenazar a los artistas.
    Este fenómeno es aún más preocupante si se tiene en cuenta que se está produciendo una diversificación de los perfiles de los agresores. Si hasta hace poco los autores de actos de obstrucción se reivindicaban sobre todo de movimientos de extrema derecha, hoy en día sus perfiles se han diversificado: asociaciones militantes (feministas, antirracistas, LGBTQ+), colectivos de padres de alumnos, pero también representantes electos de todo tipo o prefectos ya no dudan en interferir en la programación o en utilizar el presupuesto público como medio de chantaje financiero.
    Esta hostilidad permanente tiene consecuencias graves y destructivas para la cultura. Por miedo, muchos artistas practican la autocensura, y las programaciones culturales se aséptizan, lo que conlleva una pérdida dramática de la diversidad artística. Más allá de las obras, son las vidas las que se ven debilitadas: las víctimas sufren amenazas de muerte incluso en su vida privada, lo que puede provocar el abandono de la profesión y traumas profundos. Sin embargo, hoy en día no existe ningún espacio público dedicado a escuchar a estas víctimas y a atenderlas.
    Aunque todavía no hay estadísticas nacionales oficiales que cuantifiquen la magnitud exacta del fenómeno, la alerta lanzada por todo el sector cultural es inapelable. La inacción ya no es permisible, pues es la democracia la que se ve directamente afectada.