La deuda pública francesa alcanza los 1,717 billones de euros: ésta merece un tratamiento adecuado y enérgico, a largo plazo, a la par que equilibrado y desapasionado. Ello exige una toma de conciencia lúcida y valiente por parte de toda la sociedad. Si se mantiene en unos niveles sostenibles para las finanzas públicas, la deuda pública puede generar futuros beneficios, siempre que se asegure la legitimidad de la deuda. El Estado dispone de un horizonte infinito y puede incluir en sus opciones las externalidades y una dimensión intergeneracional. La deuda pública puede ser por tanto útil, en especial para financiar inversiones.
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